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Fotografía cortesía de Metrokia Calle 200

Todos los campos del saber expanden sus fronteras día tras día, mientras la sociedad presencia la metamorfosis de sus propias costumbres y métodos productivos, influenciada en gran medida por los avances tecnológicos, que para el año 2020 tuvieron que ser acelerados, en varios sectores, a causa de la pandemia generada por el Covid-19, especialmente en lo que refiere a las tecnologías de la información y la comunicación dejando como lección, que no se estaba lo suficientemente preparado en el uso de tecnologías informáticas, software de trabajo y plataformas educativas, con lo cual se incrementó el aprendizaje debido a la necesidad y al cierre de negocios efectivos.

Para el sector automotor y asegurador colombiano los talleres de colisión han evolucionado significativamente. Si se devuelve un poco la historia, para la década de los noventa, los talleres de latonería y pintura pocas veces eran tomados en cuenta como una oportunidad de negocio importante para las marcas, el concesionario suministraba repuestos y en el mejor de los casos tenía subcontratada la reparación, para lo cual los multimarcas eran la mejor opción.

Cuando se hablaba de latonería y pintura, la primera idea que venía a la mente era desorden, ausencia tecnológica, procesos básicos y de baja importancia, hábitos que impedían ver esta parte del taller como una fuente de ingreso rentable, dado en parte a la inexistencia de programas de capacitación continua para estas labores, además de temas relacionados con la administración del negocio, lo cual ocasionaba que no fuera posible garantizar calidad en las reparaciones y que mantuviesen las condiciones de seguridad activa y pasiva suministradas por los fabricantes al vehículo.

Asimismo, los clientes tenían limitadas sus posibilidades para seleccionar un taller en función a: el servicio, su nivel de equipamiento, sus instalaciones, etc. Aspectos que generan confianza y confiabilidad a los clientes. Es por ello, que ante la necesidad del sector asegurador y las compañías accionistas de Cesvi Colombia de conocer el estado real de sus talleres colaboradores y sus prácticas de reparación, en el 2001 se diseñó el llamado Plan de Clasificación de Talleres (PCT), programa encaminado a evaluar técnica e imparcialmente los talleres de colisión.

El gremio reparador acogió el programa como una cultura empresarial integral, dejando de lado poco a poco la informalidad y el carácter artesanal que habían caracterizado el taller de colisión durante mucho tiempo; esto motivó la evolución del servicio posventa en una línea de negocio rezagada en comparación con el avance del servicio de mantenimiento, y a entender que la colisión debía dejar de verse como un proceso complicado, difícil y engorroso y que al contrario, acompañado de una excelente gestión podía convertirse en un oficio rentable. Muestra de ello es que, marcas de vehículos y particulares han invertido en los talleres de colisión, que lejos de atraer clientes por su modernidad tecnológica, funcionan como verdaderas empresas con indicadores claros, arrojando resultados mucho más confiables, con una armonía entre sus procesos, tiempos, producción y calidad.

Para lograr dichos cambios, se debe tener mayor conocimiento en nuevas tecnologías y nuevas prácticas de mejoramiento, también especificaciones, buen manejo de todas las herramientas y el control de los insumos, llevando a los gerentes a observar una planificación minuciosa y ejecutar un control de costos como acciones necesarias para mantener niveles razonables en los mismos, en apoyo a los objetivos y los programas planificados del taller; sumando el personal técnico y operativo que ha ido participando en dichos cambios, logran acortar la brecha de las malas prácticas de reparación frente a los procesos estandarizados que permiten entregar reparaciones con los niveles de calidad requeridos.

Adicionalmente durante los próximos años el incremento de ventas de vehículos con tecnologías ADAS y la rápida incorporación de vehículos híbridos enchufables y vehículos eléctricos, suponen una necesidad de conocimiento profundo de esta tecnología para beneficiarse de ella, a la vez que se es consistente en la manera que se afrontan los cambios que se están comenzando a impulsar dentro de la industria.

Para ello y sin lugar a duda, importa el recurso como equipos, herramientas y mano de obra calificada, al igual que la implementación de los procesos y buenas prácticas en reparación; aún más como se gestionan administrativamente para llegar al balance ideal, disposición de los recursos y el tiempo de los técnicos. No será suficiente con una organización que trae consigo beneficios importantes, en la práctica, el taller de colisión desempeña un papel primordial entre la eficiencia y la productividad. Siendo un eslabón en la cadena de prestación de servicios automotrices y aportando a la seguridad vial.

A este reto se suman los esfuerzos del centro de investigación y seguridad vial de Colombia, con el ánimo de aportar herramientas e información como insumo al taller de colisión, con el fin de contribuir a una mejora continua en todos los aspectos, incluyendo a las personas que forman parte de él. Logrando un taller más competitivo y que el cliente puede percibir mediante una mejora continua y sistemática de la calidad, menor tiempo en la entrega de su vehículo, a la vez que se consiguen mayores niveles de satisfacción.

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