La calidad del aire y su constante deterioro son temas de preocupación actuales. Por lo tanto, las industrias han centrado su atención en desarrollar proyectos de tecnologías híbridas y eléctricas con el propósito de reducir la dependencia de energías no renovables. Si bien esta es una solución rápida, plantea ciertas interrogantes.

El aire, un recurso vital para los seres humanos, determina nuestro bienestar, salud y protección. Sin embargo, día tras día, presenciamos un deterioro ambiental acelerado en este recurso. Este fenómeno resulta en el efecto invernadero, daños en la capa de ozono y el calentamiento global.

Los efectos están en gran parte influenciados por el uso y la dependencia de combustibles fósiles en los motores de los vehículos que conducimos. Estos motores emiten compuestos contaminantes (CO2, CO, SO2, NOx, y PM), considerados subproductos de la combustión interna.

Para contrarrestar la contaminación del aire generada por los vehículos de combustión, se han desarrollado estrategias para reducir la emisión de compuestos dañinos. Estas estrategias incluyen tecnologías que utilizan “otras fuentes de energía” para la movilidad, como vehículos híbridos eléctricos (HEV), vehículos híbridos enchufables (PHEV), vehículos completamente eléctricos (BEV) y vehículos de pila de hidrógeno (FCEV), como se muestra en el esquema (a), vehículos que han ganado terreno en los últimos años.

Por ejemplo, en España, las ventas de vehículos con estas tecnologías alcanzaron 243,267 unidades en 2022, un aumento del 8.9% con respecto a 2021. En Colombia, según el Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT), de los 18,448,782 vehículos registrados en el parque automotor, 8,299 son eléctricos y 36,219 son híbridos.

Esto indica un crecimiento que supera las proyecciones de matriculas nuevas y refleja cómo cada vez más marcas integran productos de bajas emisiones, que representan el 85.9% del mercado total a nivel nacional. Este cambio se ha traducido en una mejora de la calidad del aire y una reducción en la emisión de gases contaminantes.


No obstante, la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente revela que los tres vehículos híbridos más vendidos del mercado contaminan entre un 28% y un 89% más de lo que anuncian sus fabricantes. Sin embargo, estas medidas aún presentan limitaciones en su implementación en Colombia debido a la deficiente red de carga (electrolineras). La falta de conectores y puntos de carga, y la predominancia de cargadores lentos, son evidentes. Hasta 2021, Colombia contaba con 155 estaciones para cargar vehículos eléctricos y 348 conectores, mayormente en ciudades principales. Esto deja a más de la mitad del país excluido de su uso.

La preocupación de las baterías

 

Aunque estas tecnologías contribuyen al aire limpio, no debemos cometer el error de creer que no tienen impactos ambientales. En realidad, trasladan sus efectos a las plantas de generación de energía eléctrica y a otras etapas de su ciclo de vida, desde la extracción de materias primas hasta la disposición final de los componentes del vehículo. Los fabricantes son conscientes de este problema y están investigando baterías menos tóxicas para futuros vehículos, ya que las materias primas escasean y no son adecuadas para todos los tipos de vehículos.

Por ejemplo, la producción de baterías y otros componentes depende de minerales estratégicos como el litio y minerales raros como los lantánidos. Estos minerales se encuentran principalmente en Suramérica, India, Malasia, Tailandia, África, China y EE. UU.. Su extracción requiere grandes extensiones de terreno y procesos de filtrado, junto con técnicas de procesamiento que a menudo dañan el medio ambiente, como la eva-poración del agua, la recristalización, la molienda, la lixiviación y el tratamiento químico. Ambos métodos de extracción tienen consecuencias en el agua y el suelo.

Conclusiones

Para que las tecnologías de movilidad eléctrica beneficien realmente al medio ambiente, es necesario que el componente fundamental que las impulsa, las baterías, sea sostenible y reutilizable al final de su vida útil inicial.

Clasificar los vehículos según su generación de residuos permitirá obtener beneficios mayores para los propietarios de vehículos de cero emisiones, fomentando su reciclaje con una alta recuperación de materiales. Algunas medidas a considerar incluyen campañas de concientización para usuarios de vehículos eléctricos, sistemas de clasificación de baterías y una infraestructura de carga más amplia para vehículos híbridos.

Finalmente, los fabricantes deben reconocer el impacto de la explotación de minerales y la participación de las comunidades rurales y originarias. Es crucial abordar conflictos socioambientales resultantes de la extracción, como escasez de agua, falta de socialización de proyectos, disputas territoriales, desplazamiento de comunidades originarias, cambios en el uso del suelo y violaciones de derechos humanos. Esto requerirá una mayor responsabilidad y una visión integral de la sostenibilidad en todo el ciclo de vida de los vehículos y sus componentes.

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