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En Colombia se comercializan alrededor de 3 motos por cada automóvil, de estas un 95% tiene un cilindraje hasta de 250 cm3, situación que se torna alarmante si tenemos en cuenta la precaria seguridad que ofrecen las motocicletas que se ubican en este rango de cilindrada.

Este argumento es validado por las cifras de accidentalidad y pérdida de vidas en siniestros viales que involucran una motocicleta en Colombia. Medicina legal reporta 5.887 fallecimientos entre enero y octubre de 2021, de los cuales en el 76% se ve implicada una motocicleta.

Hace algunos años que la motocicleta en Colombia pasó de ser un medio de transporte ocasional a ser una alternativa viable de movilidad en términos económicos y de optimización de los desplazamientos diarios, situación generada por múltiples aspectos sociales que no son el foco del presente artículo. Lo que sí es del enfoque de estas líneas, es lo referente a las condiciones de seguridad mínimas que deberían presentar estos vehículos a dos ruedas para poder ser comercializados en Colombia.

Es claro que las normativas relacionadas con la homologación de los vehículos que se comercializan en el país tienen una brecha importante si las comparamos con los reglamentos técnicos que aplican en otras latitudes. Las exigencias a los ensambladores e importadores son mínimas y ello es la puerta de entrada a un sinnúmero de automotores de todas las categorías, que no garantizan un estándar mínimo de protección a sus ocupantes y a otros actores viales, con los cuales se interactúa en las vías.

Ahora bien, la cuestión a resolver es ¿qué debería recibir un consumidor o qué sistemas de seguridad se esperaría ofrecieran las marcas de motocicletas a sus clientes?

Primero daremos una rápida mirada a los sistemas de seguridad mínimos deseables que debe tener una motocicleta.

El referente normativo europeo (Reglamento 168 de 2003), establece los criterios de homologación y clasificación de vehículos de 2 o 3 ruedas y cuatriciclos. En esta ocasión nos enfocaremos en la categoría L3e, que corresponde a motocicletas de 2 ruedas, la cual se subdivide en 3 grupos: A1, A2 y A3 a partir de la definición de variables relacionadas con:

  • Cilindrada (cm3)
  • Potencia (kW)
  • Relación potencia – peso (kW/kg)

A partir de la clasificación, la normativa establece los equipamientos mínimos que debe tener una motocicleta para comercializarse en la región.

Enfocándonos ahora en las motocicletas que se comercializan en nuestro mercado, Cesvi Colombia realizó un estudio que incluye las 164 líneas de motocicletas más comercializadas en nuestro país y con cilindrada hasta los 250 cm3, de las cuales 82 líneas corresponden a motos hasta los 125 cm3 y representan cerca del 60% del Market Share, y otras 82 líneas con cilindrada hasta los 250 cm3 que representan el 37%.

Esta clasificación por cilindrada fue segmentada según sus características de construcción, encontrando lo siguiente:

Los resultados encontrados en la revisión realizada a la muestra seleccionada, relacionados con los sistemas de seguridad que las marcas de motocicletas ofrecen en Colombia, son totalmente desalentadores; encontrando que para las cilindradas de hasta 250 cm3, sólo el 40% cuenta con doble freno de disco, el 48% con freno de disco únicamente en el tren delantero y el 12% restante con frenos de bandas.

En el caso de los sistemas de seguridad activa, el 5% de las motocicletas más comercializadas cuentan con frenos CBS, un 10% cuenta con frenos ABS sólo en el tren delantero y tan solo el 9% cuenta con ABS en ambas ruedas; dejando un 76% de las motos más vendidas en Colombia sin mecanismos que ayuden al conductor a evitar que los neumáticos se bloqueen y resbalen, lo cual no permite que la motocicleta se mantenga estable durante el proceso de frenado de emergencia. Referente a las ayudas de control dinámico más exactamente al “control de tracción” por ahora lo vemos en sólo una referencia de motocicleta “Yamaha nmax connected” dentro de esta banda de cilindrada hasta los 250 cm3.

En los sistemas de iluminación imprescindibles al momento de la conducción, sólo el 89% cuenta con luces de encendido automático y un 42% cuenta con luces de circulación diurna (DRL).

En cuanto a mejoras en la visibilidad de la moto, especialmente en condición difícil tenemos las luces LED, que para el mercado colombiano en las 164 líneas encontramos que el 27% cuenta con sistema LED en su luz principal y de freno, un 20% cuenta con LED únicamente en la luz de freno, un 2% cuenta con sólo luz principal LED y un 50% cuenta aún con luces halógenas.

En términos de asistencia, específicamente en modos de manejo, por ahora los encontramos en la referencia Auteco APACHE 200 ABS modelo 2022.

No desconocemos los esfuerzos individuales y en conjunto que hacen las marcas por ofrecer a los colombianos productos de mayor calidad, seguridad y confort en un segmento de motocicletas que por ahora, parece ser la solución parcial a temas de movilidad. Sin embargo, en materia de seguridad activa faltan iniciativas e incentivos por parte del Estado y de las propias marcas, que permitan un nivel de implementación adecuada en las bajas cilindradas, sin tener cargos excesivos en los costos para el usuario.

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